CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LAS ABEJAS

Botánica

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Ecología
Fisiología Vegetal

 

 

 

 

1. Caracteres anatómicos
El cuerpo de cada abeja queda claramente dividido en tres partes:
- La cabeza, que lleva grandes ojos a los lados (dos compuestos y facetados, permitiendo la visión lateral y posterior, y tres simples), en su parte inferior la boca (trompa, mandíbula y maxilares) y en la anterior las dos antenas (órgano del tacto, olfato y oído).

- El tórax, a cuyos lados se asientan dos pares de alas, y, en su parte inferior, tres pares de patas. Las posteriores de la obrera poseen una cavidad para juntar el polen y el propóleo es retirado por las patas opuestas. El buche es elástico, almacena líquidos azucarados que luego han de constituir la miel.

- El abdomen: formado por ocho anillos distintos y contiene el aparato digestivo y respiratorio. En su extremidad se halla el aguijón que se comunica con una glándula venenosa.

2. Tipos de individuos
- Reina: posee un largo y esbelto abdomen. De ella depende el bienestar y la riqueza de la colonia, pues es la única hembra que ponen huevos y proporciona continuidad a la especie.

- Zánganos: cuerpo grueso y pesado, ojos muy voluminosos. Se encuentran en la colmena únicamente durante la primavera y a principios de verano.

- Obreras: son hembras que no ponen huevos. La reina pone los huevos, y las obreras les prestan todos los cuidados. Cuidan también de la limpieza o vigilancia de la colmena, arrastran fuera de ella las inmundicias y los cadáveres; son las constructoras, cuidan de que la colmena se encuentre a la temperatura adecuada, recogen lo que necesitan para el sustento de la comunidad y se preocupan de la debida distribución.


3. La alimentación de las abejas
Las abejas precisan dos tipos de alimentos. Las pecoreras, para la recolección y almacenado en sus depósitos buscan la miel, rica en materia azucarada y que proporciona al cuerpo de la abeja el material combustible, y el polen, rico en proteínas, alimento constructivo indispensable para el crecimiento.

Ambos alimentos los recogen de las flores. Durante el invierno no pierden totalmente el apetito, pero entonces no hay flores. Por esto reúnen las abejas, durante la primavera y el verano un exceso de miel que almacenan en la colmena. Pero el polen no se acumula como reserva invernal más que la cantidad indispensable para la cría durante los meses de invierno.
En las flores, en el fondo del cáliz se encuentra una diminuta gotita compuesta de agua azucarada llamada néctar. El estómago de las abejas es simplemente un saco de recolección, y lo introducido y contenido en él pertenece a toda la colmena. Durante la visita que la abeja hace a las flores, va pasando a su estómago, a través de la trompa y del largo esófago gotita tras gotita de néctar. Cuando la abeja tiene hambre abre un poco la válvula que enlaza es estómago “social” con el resto del conducto digestivo. Pero la mayor parte de lo recolectado pasa a la comunidad. El néctar recién recogido se distribuye al llegar a la colmena entre gran número de sus habitantes; estos lo regurgitan repetidamente, exponiéndolo al aire caliente de la colmena, con lo que sufre una concentración por pérdida de agua para finalmente ser depositado en una celdilla abierta donde se concentra más todavía. Así, en unos pocos días estará transformado en miel.

Los estambres se proyectan en forma de pequeños filamentos que emergen del fondo del cáliz y tienen un engrosamiento en el extremo libre que es donde se produce el polen. Las abejas recogen el polen directamente de los estambres. Por regla general, su obtención no es llevada a cabo por las mismas obreras que recolectan la miel. El polen no lo engullen como ocurre con el néctar, sino que lo recogen formando masas esféricas, en unos cestillos que llevan en la cara externa de las patas posteriores y con tales bolitas sobre las patas, vuelven a la colmena. Cada pata consta de varios artejos o segmentos enlazados unos con otros mediante articulaciones. Aquí los interesantes son los artejos mayores, que son los llamados fémur, tibia y tarso; éste, a su vez, compuesto por varios artejos pequeños. En las patas posteriores, que son de especial importancia en la recolección de polen, el primer artejo del tarso es muy grande y ensanchado, y en su interior está densamente revestido de fuertes cerditas, formando los denominados cepillos. Asimismo es de forma especial la tibia de las patas posteriores, guarnecida con largos pelos, que limitan una zona lisa y parcialmente cóncava: el cestillo. En los cestillos se introducen las pelotillas de polen.

Cada abeja que sale de la colmena para recoger polen, toma primero, en su estómago social, una gotita de miel. Al llegar a las flores, se posa sobre las estambres, cepilla con sus mandíbulas y sus patas anteriores el polen suelto que las cubre, humedeciéndolo al mismo tiempo con la miel de que es portadora, a fin de hacerlo pegajoso. Cuando el polen es abundante, se queda pegado entre los pelos de todo el cuerpo de la abaja mientras ésta se encuentra trabajando sobre la flor. Mientras vuela a otra flor cercana, sus patas se encuentran, bajo el cuerpo. Con los cepillos de las patas posteriores se alisa y limpia el polvo que quedó sobre el cuerpo y en las otras patas; luego, peina los cepillos con un peine de cerdas tiesas en el extremo de la tibia; el peine de la pata derecha recoge le polen del cepillo izquierdo y viceversa: el polen permanece colgado del peine sólo durante un momento pues mediante la presión ejercida por un espolón penetra a través de la hendidura, pasa al otra lado y se introduce en el cestillo correspondiente. En ellos sufre presiones sucesivas y se van formando bolitas hasta quedar llenos. Las patas intermedias ayudan a sujetar y amasar las bolitas para que no se pierdan. Luego las descarga en una de las cestillas y una obrera introduce su cabeza en la celdilla, aplasta las bolas con sus mandíbulas y prensa el nuevo polen contra las provisiones ya existentes.


4. Necesidades nutritivas de las abejas
En su alimentación las abejas necesitan una mezcla compleja, compuesta principalmente por:
- Proteínas
- Glúcidos
- Vitaminas
- Minerales

Todos estos compuestos los extraen de la miel y del polen. Sin embargo hay que destacar que no poseen el mismo requerimiento nutritivo en todas las fases de su vida. Así en el desarrollo larvario el principal componente de su dieta son las proteínas (que provienen de la Jalea Real en el caso de las reinas y del polen en las crías). Sin embargo en cuanto llegan a la madurez el principal componente deben ser los glúcidos, muy importantes en la producción de cera y muy energéticos. Y por último también encontramos variación en las estaciones. Desde el otoño y hasta principios de invierna consumen preferentemente glúcidos provenientes de la miel ya que no existen crías. Sin embargo, desde febrero a octubre, coincidiendo con el periodo de cría aumentan las necesidades de proteínas.

5. La cría de la abeja
Del huevo de la abeja sale un gusanillo blanco que no tiene nada que ver con la abeja. Una reina puede realizar durante la primavera una puesta de 1500 huevos diarios. La reina solo utiliza los panales primeros y medios de la colmena, y sólo la efectúa en la porción central de estos panales, dejando la periferia. Así se produce el denominado nido de cría. Los cuidados proporcionados por las obreras a la cría no se limitan a los seis días de crecimiento de la larva en que es preciso alimentar a ésta. Se produce un mantenimiento de la cámara de cría de la colmena a una temperatura regular de 35º C. En tiempo frío las obreras se reúnen y agrupan en grana densidad sobre los panales de cría, cubren con sus cuerpos las celdas y forman un almohadillado que evita la pérdida de calor. Cuando hace calor se espacian, traen agua, la extienden sobre el panal y provocan su evaporación moviendo sus alas.

La obrera tardan seis días en crecer, los zánganos tres días más y la reina cinco menos. Depende de los cuidados prestados a la larva por las nodrizas que de un huevo salga una reina o una obrera. Crían a las obreras en celdas normales y estrechas; las destinadas a ser reinas se desarrollarán en celdas más amplias, las “realeras”.


6. La subdivisión del trabajo
La vida de las abejas, desde que salen de la celdilla hasta su muerte puede considerarse dividida en tres etapas.
En la primera (1-10 días), sus ocupaciones se encuentra en el interior de la colmena, limpiando y trabajando en las celdillas. Las abejas jóvenes se sitúan también sobre las celdillas de cría para evitar que se enfríen. Pasados unos días alcanza el máximo desarrollo una glándula situada en la cabeza de la abeja, y pasa a complicar la función de nodriza: las larvas de las abejas, durante los primeros días de su existencia necesitan ser alimentadas por las obreras con una papilla rica en proteínas procedente de la reserva de polen de la colmena, del que las nodrizas consumen y digieren grandes cantidades para su transformación en papilla. Al final de esta etapa, las obreras abandonan la colmena por primera vez, con vuelos más largos cada vez y realizando el trabajo exterior.